
| El señor Z se jubiló hace aproximadamente diez años y entretiene las horas muertas de las mañanas mirando las obras del barrio. Él lo vio y me lo contó. Junto al local vacío, en medio de una zona ajardinada, encontró a un par de jovenzuelas, que le explicaron que iban a montar una librería infantil. El señor Z se rascó la cabeza por debajo de la boina y dijo una palabrota, la misma que me ha repetido muchas veces al contarme lo que sucedió después. Asegura que no pisó el local ni un solo albañil, ni un solo electricista, ni un solo pintor, ni un solo carpintero... |
| Dice que aquel esquinazo se lleno de seres en apariencia muy extraños. El señor Z les preguntó: "¿quiénes sois?" Y le respondieron que eran personajes que habían abandonado por un momento su hogar entre los renglones de los libros para levantar aquella librería. ¡Qué manera de trabajar! Al final colocaron en la puerta una alfombra roja para recibir a dos invitados muy especiales: el pequeño Quiricú y la inquietante bruja Karabá. El señor Z no podía creérselo. Por eso, una día visitó la librería con su nieto. Hojeó algunos libros y allí los descubrió a todos. Les guiño un ojo y pronunció una vez más su palabrota preferida. Alfredo Gómez Cerdá
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